Colombia “El país de las maravillas”

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Antes de hablarles de cualquier tema en especial, déjenme contarles un poco sobre mí. Creo que es importante que me conozcan para que comprendan la forma en la cual veo las cosas.

Es allí en donde surge el problema, cuando debemos mostrarnos como realmente somos. Generan miedo las inseguridades del alma cuando pertenecemos a un mundo lleno de prejuicios y estereotipos. Tantas veces el espejo se convierte en nuestro peor enemigo porque la sociedad nos encasilla para que seamos de cierta forma; incluso llegar a creer que no vales nada, y que no sientes nada.

Hemos normalizado acciones en nuestras vidas que están mal, pero de una u otra forma las aceptamos y las adaptamos porque es lo que nos vende la publicidad, el gobierno, la iglesia, nuestros padres y hasta nosotros mismos. Recuerdo el 19 de octubre de 2020 en unas de las movilizaciones de la Minga hacia la Plaza de Bolívar, alguien dijo: “estos indios no dejan trabajar con ese ruido. Váyanse y dejen trabajar” Al observar a esta persona, deduje muchas cosas, entre ellas que podrías llegar a ser una persona Uribista, de derecha que defiende su postura política con una ideología vanguardista. Pero no es así. Era un chica común y corriente, trabajadora, guerrera que lo único que le importaba en aquel momento era terminar lo que estaba haciendo para irse a casa y llevar algo de comer a su familia.

Entendí que estamos acostumbrados a la peculiaridad de vida que llevamos, sin la necesidad de experimentar nuevos cambios, aceptando que las cosas que tenemos son las que meritamos. Contemplamos la situación de Colombia, un poco natural y parece utópico desear un país distinto. La plutocracia y nuestro sistema social nos alinea con el país de las maravillas.

En el mes de marzo, cuando todos debimos encerrarnos en nuestras casas por culpa de la emergencia sanitaria. Muchos decían que después del aislamiento deberíamos ser diferentes; meses después alguien a quien aprecio mucho le decía a una amiga, “el físico de una persona es lo importante, sus sentimientos me dan lo mismo”. Es frustrante escuchar a las personas que quieres hablar así. Pero es su naturaleza, es todo lo que conocen, es su estilo de vida.

Es mentira que exista alguna posibilidad de cambio, con un nuevo gobierno o una mejor economía. El país va a cambiar cuando los colombianos aprendamos a cuestionar, a vivir con diversidad, cuando una niña de 20 años considere que es más importante y prioritario ir a la universidad que comprar un juego de alcoba, o una tele nueva; cuando un libro nuevo sea más importante que estrenar una camisa, o que el único anhelo de una persona no sea que abran los bares nuevamente.

En el momento que, los colombianos logremos traslucir de la miseria en que vivimos y despertemos de aquella patraña de hadas en el cual estamos atrapados desde nuestro nacimiento, y aprendamos a exigirnos más; seremos reconstruidos y vendrán los verdaderos cambios. De lo contrario continuaremos pretendiendo que nuestro salario está bien, que nuestro sistema de transporte está bien, que los únicos que pueden estudiar son los hijos de aquellos privilegiados y que el único plan es recibir la quincena para pagar la renta.

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