¿Cuándo nos escucharán?

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¿Cuándo nos escucharán?

La lucha femenina se da en todos los espacios, empezando por la familia que -tiempo atrás, espero no siga pasando- nos adjudicaba ciertos oficios y comportamientos cómo exclusivos de las mujeres, coartando la libre personalidad y perpetuando la desigualdad, enseñándonos que el cuidado y el servicio hacia los demás no se puede desligar de nuestro actuar aún sacrificando las necesidades y deseos propios. Esta idea del abandono de la mujer ha propiciado que el abuso -muchas veces también de carácter sexual- se cuele entre la cotidianidad y se normalice.

La cultura patriarcal es innegable, lo que no se puede entender y menos aceptar es la resistencia al cambio, que no se quiera escuchar la voz de las mujeres con los temas que les afectan, que tengamos que inventarnos espacios de reflexión exclusivos para nosotras donde se discute lo que poco o nada le interesa a los hombres. -y a algunas inconscientes mujeres, por supuesto- He visto como critican el performance de “el violador eres tú” porque las mujeres no tienen ritmo, porque estamos gordas o flacas o con la cara tapada o con el torso descubierto, nos volvemos espectáculo -siempre lo hemos sido- y el mensaje no llega. Qué nos están violando, qué nos están matando, qué ningún sitio es seguro para nosotras, que muchas veces el violador o abusador está en nuestra misma casa: nuestro padre, nuestro tío, nuestro abuelo, nuestra pareja.

Se le niega la voz a las mujeres, antes porque no podíamos hablar, ahora porque no nos escuchan; este fenómeno, que no es nuevo, hace más difícil que avancemos como sociedad, hace más difícil que ganemos espacios, que nos sintamos respetadas, que tengamos relaciones equitativas, que se asome así sea tímidamente la igualdad, que le quitemos fuerza a la cultura patriarcal.

Las paredes se limpian, los vidrios se remplazan, nuestros impuestos nos los roban igual, la vida de una niña violada nunca se reconstruye, la vida de una mujer asesinada a manos de su pareja, ex pareja, acosador, violador, no regresa. Las cifras de violencia contra la mujer no descienden y lo que hace el Gobierno para que esa situación cambie es insuficiente.

A los hombres les digo que no le teman al cambio, que todos ganamos en una sociedad donde primen los derechos humanos, que no es una guerra, lo que queremos es reeducarnos para disfrutar de una vida más plena, desligarnos de patrones heredados que nos atropellan y nos subestiman.

Y a las mujeres las invito a que hablen de sus experiencias, a que denuncien los abusos a los que han sido sometidas, que no guarden secretos familiares, que no ayuden a perpetuar las violencias, que repensemos sobre lo que hemos permitido en nuestras vidas y que seamos cuidadoras primero de nosotras mismas, de nuestros cuerpos, nuestras mentes, nuestra salud, nuestras necesidades y deseos y luego, si es que queremos, de los demás.

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