El año de las narices ocultas

El año de las narices ocultas

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Sin duda el 2020 pasará a ser un año inolvidable para el mundo, el año del tapabocas, la careta, las gafas, el frasquito de alcohol o antibacterial, los guantes para algunos y hasta los overoles impermeables o elaborados en tela anti fluidos para los más precavidos o las que no dejan de estar a la moda. Tapabocas sobrios, los que combinan con la corbata, con el cinturón y hasta con el tacón, los fashion, los sexys, los desechables, reutilizables, lisos, con textura, con diseño, con figuras, con dientes, con barba, los que cubren toda la cara, los tipo tanga, con caucho, de amarrar, los resalta orejas, los tipo bufanda, los de marca, los piratas, los que asustan, los chistosos, de todos los colores, con protector de ojos y hasta con luces de neón. Y en nuestro desorden: los que sirven de gargantilla o sostienen la barbilla, los que tapan solo la nariz, los que tapan solo la boca, los que penden de una oreja y hasta los que protegen la muñeca; cada cual se cuida a su manera. Los tapabocas pueden ser dinámicos: los que se retiran cuando suena el celular, los que se ponen solo si se acerca alguien, los que hay que acomodarlos cada minuto, los que se quitan para la foto, los exhibicionistas que dejan todo a la vista.

Y ante el abandono estatal y el afán por socializar nos echamos la bendición, acudimos a las gárgaras con limón, el jengibre, la moringa, entretenemos la calamidad; qué eso hasta no será verdad, nos bañamos en la sangre de Cristo, nos encomendamos a dios, decimos qué lo que él quiera, qué de algo nos vamos a morir, qué la vida tiene que seguir, qué para que tanta prevención si el que manda es el patrón… y hasta Duque le chutó a la virgen de Chiquinquirá toda la responsabilidad.

Qué nos quieren dominar, qué hasta homosexualizar, qué las muertes son un cuento, qué no conocemos a nadie con el mal, qué quien sabe que nos van a aplicar, y en medio de la desinformación las unidades de cuidados intensivos se vuelven a congestionar, los médicos vuelven a alarmar, aconsejan celebrar desde la virtualidad; volvimos a cifras que no llegábamos desde Agosto, los almacenes están a reventar, las fiestas regresan sin ni siquiera disimular, la pregunta es: ¿Cuántas vidas más pensamos sacrificar con tanta irresponsabilidad?

Y no entiendo como alguien que utiliza el tapabocas mal no se inmuta con las miradas de terror que puede ocasionar, los que hacemos lo mejor posible por cuidarnos lo que menos queremos ver es una narizota o un tapabocas flojo, eso y el estornudo o la tos paralizan cualquier situación, nos imaginamos lo peor. ¿Y qué tal los que no pueden hablar si lo tienen puesto o los que dicen que no lo usan porque el tapabocas les afecta la audición? Una total desconexión con la realidad.

Estamos cansados y vamos por mitad de camino, es tiempo ahora de detener el ritmo acelerado de las cifras y tomar las precauciones como corresponde, aprender a usar el tapabocas, escogerlo más que por su diseño por su seguridad, respetar a los demás guardando la distancia y proteger a los que amamos evitando reuniones; con el covid no se puede jugar, nadie sabe cómo su cuerpo pueda reaccionar pero indudablemente a nuestros padres y abuelos son a los que peor les puede ir. ¿Vale la pena correr el riesgo de perder a un ser querido?, si no frenamos esto a mediados de Enero podemos estar lamentándonos. ¿De qué habrá servido tanta celebración, tanta ingesta de licor, tanta compra, tanta excursión?

Y digo que vamos a mitad de camino porque según lo anunciado por el Ministerio de Salud en Febrero empieza la vacunación con una programación de 5 fases que se irá desarrollando mientras transcurre el año, la vacuna garantiza su efectividad solo si la mayoría de la población está inmunizada; es decir, debemos continuar con todas las precauciones y medidas por lo menos durante el 2021. Por eso estamos en el momento justo de aprender a usar el tapabocas, tarea que se le dificulta a muchos después de 10 meses de entrenamiento. Deberíamos hacer una campaña que se llame: “el que muestre la nariz, ¡pierde!” ò “el que muestre la nariz, ¡la pierde!” como sugeriría un amigo Español.

Hagamos ese abrazo tan anhelado posible. Celebrar Navidad y año nuevo solo con las personas con las que compartimos nuestra casa, reuniéndonos virtualmente con los demás, protegiendo a los mayores, —aunque cabe anotar que han muerto personas de todas las edades con y sin comorbilidades— es la muestra de amor más grande que podemos tener, reforzar las medidas de higiene y los cuidados para no hacer parte de las temibles cifras y esperar para que en el próximo encuentro tengamos la seguridad de que nadie se va a contagiar, de que nadie va a pelear, insultar, discutir, emborracharse y reaccionar violentamente; tal vez esta pausa sirva para replantear esas formas de festejar que en nuestra sociedad no pocas veces terminan en tragedia, en guayabo y en arrepentimiento. Qué este tiempo sirva para dominar esos demonios internos y solucionar lo que necesitemos, para aprender a estar atentos y no caer en excesos, para valorar a la gente que decimos amar. Para amar mejor.

Algunos han optado por hacerse la prueba con anticipación, practicar aislamiento estricto por 15 días y exigir a los demás miembros de la familia el mismo procedimiento antes de reunirse; y aunque es mucho más seguro, no es 100% confiable, ya que el resultado de la prueba puede ser negativo dependiendo de cuando se tome y existen casos asintomáticos; estos últimos son difícilmente detectados por dicha prueba. Así que: “imposible que me pase a mí“, “tendríamos que ser muy de malas” o “a la de dios” no pueden ser criterios para tomar una decisión donde la vida propia y la de otros es lo que está en juego. Antes de reunirnos visualicemos el peor escenario y pensemos si el riesgo merece la pena. ¡Para que la vida siga!

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