Gaitán y el legado de su lucha política

Gaitán y el legado de su lucha política

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9 de abril de 2021. Luis Guillermo Pérez Casas 

Defensor de derechos humanos y promotor de la paz

 

“Nada más cruel e inhumano que una guerra. Nada más deseable que la paz. Pero la paz tiene sus causas, es un efecto. El efecto del respeto a los mutuos derechos”, Gaitán.

Son 73 años los que nos separan del último respiro del jurista, político, escritor, activista, orador y revolucionario colombiano Jorge Eliécer Gaitán, asesinado el 9 de abril del 1948 en pleno centro de Bogotá. Su asesinato desató una jornada de insurrecciones y protestas populares en la capital y a nivel nacional. El exterminio del movimiento gaitanista iniciado por las elites en 1946 y el magnicidio desataron la guerra, que aún seguimos padeciendo. Se le asesinó para evitar las reformas sociales que siguen pendiente de ser realizadas. 

Dos meses antes de su asesinato el 7 de febrero de 1948, Gaitán convocó una de las más extraordinarias movilizaciones en la historia de Colombia, la Marcha del Silencio, donde multitudes provenientes de distintas regiones del país se movilizaron al llamado del líder para exigir del gobierno que cesara el exterminio del gaitanismo. En una pieza oratoria que debería ser de obligatorio aprendizaje en escuelas y colegios manifestó

«… Señor Presidente: os pedimos cosa sencilla para la cual están de más los discursos. Os pedimos que cese la persecución de las autoridades y así os lo pide esta inmensa muchedumbre. Os pedimos pequeña y grande cosa: que las luchas políticas se desarrollen por cauces de constitucionalidad. Os pedimos que no creáis que nuestra tranquilidad, esta impresionante tranquilidad, es cobardía. Nosotros, señor Presidente, no somos cobardes: somos descendientes de los bravos que aniquilaron las tiranías en este piso sagrado. Pero somos capaces, señor Presidente, de sacrificar nuestras vidas para salvar la tranquilidad y la paz y la libertad de Colombia….». 

La respuesta del Gobierno no se hizo esperar, en lugar de responder con hechos de civilización y frenar la violencia la siguió provocando, el ejército masacró en Manizales a unos campesinos gaitanistas, hasta allí se trasladó Gaitán para pronunciar ante el sepelio de los humildes su último discurso el 15 de febrero de 1948 “La oración por los humildes”, cito su pasaje final: 

«Compañeros de lucha: sólo ha muerto algo de vosotros, porque del fondo de vuestras tumbas sale para nosotros un mandato sagrado que juramos cumplir a cabalidad. Seremos superiores a la fuerza cruel que habla su lenguaje de terror a través del iluminado acero letal. El dolor no nos detiene sino que nos empuja. Y algo profundo nos dice que al destino debemos gratitud por habernos ofrecido la sabia lección y la noble alegría de vencer obstáculos, de dominar dolores, de mirar en lo imposible nada más que lo atrayentemente difícil. Vuestras sombras son ahora la mejor luz en nuestra marcha. Compañeros de lucha: al pie de vuestras tumbas juramos vengaros restableciendo con la victoria del pueblo los fueros de la paz y de la justicia en Colombia. Os habéis ido físicamente, pero qué tremendamente vivos estás entre nosotros!”

Se desató entonces la guerra civil que habría de transformarse en distintas guerras insurgentes frente a una democracia y un Estado excluyentes.

¿Pero cuál era el ideario de Gaitán que molestó tanto a la oligarquía colombiana? Gaitán había comprendió la real dimensión de una  democracia en términos de igualdad de oportunidades y derechos económicos “Un principio que debería ser la base fundamental de las auténticas democracias: el que no trabaja no come, que es opuesto a la simulación de la democracia en donde el que menos trabaja es el que más come”. Jorge Eliécer Gaitán.

Gaitán trasegó del Partido Liberal a la  creación de un nuevo partido político en 1933, la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria –UNIR-  para tratar de romper el bipartidismo de la historia del país, acudió al pueblo liberal y al pueblo conservador para recordarles que sus derechos al trabajo, a la seguridad social, a una vivienda, al descanso, a unas vacaciones pagas, a la salud, a la educación, a la pensión no tenían un color partidista sino que eran sus derechos y que tenían que abandonar seguir tras las oligarquías de los dos partidos, para unirse en el propósito político de transformar el Estado. 

El propósito de este programa al alcanzar el gobierno mediante el sufragio popular, era el de establecer la democracia económica para reducir las desigualdades sociales, elevando mediante la educación el nivel de los trabajadores, como fundamento de la democracia política. 

Planteaba por otra parte la necesidad de solucionar el problema agrario mediante reformas que limitaran la propiedad de las tierras, planteando que las que permanecieran más de cinco años sin ser usufructuadas deberían pasar a poder del Estado, redistribuyéndolas a favor de los desposeídos, pero con crédito agrario y tecnificación agrícola.  Planteó la necesidad de un Estado intervencionista organizador de la economía.

En el programa de su nuevo partido manifestó: 

“El Estado representa la fuerza poseedora, es una expresión económica de la minoría y no de la mayoría, no es síntesis de democracia, sino negación de ella. Para el comunismo el Estado debe ser la dictadura del proletariado contra la minoría poseedora. Para nosotros no. El Estado debe ser síntesis de democracia; es decir, de igualdad. Pero, repito, esta democracia no existe cuando se olvida el factor económico. El Estado no puede ser expresión de la minoría privilegiada que regula en alternación a sus solos intereses la vida de los intereses de la gran mayoría”.

Gaitán profesaba con claridad que no compartía la ideología ni la forma de gobernar en Rusia, el comunismo y la dictadura del proletariado, pero sí creía y corroboraba en sus análisis que nuestro Estado no estaba al servicio del interés general, sino al servicio de la oligarquía liberal y de la oligarquía conservadora y que los tres poderes del Estado, el ejecutivo, el legislativo y el judicial, actuaban al servicio de las clases dominantes. 

Gaitán si creía en un Estado Social de Derecho, donde no era posible permitir el arbitrio de las fuerzas del libre mercado, sino con un Estado fuerte e intervencionista que planificara la economía para que la producción estuviese al servicio de las necesidades de la población y garantizando la igualdad no sólo en términos políticos sino también económicos, para que haya justicia social se requiere la intervención del Estado, lo expresó de esta manera:

“…para realizar el principio de la igualdad, que solo con criterio económico tiene algún significado, no podrá emplear el criterio individualista, será indispensable someter la vida social a un plan de defensa del conjunto. Esto rompe, naturalmente, el viejo principio de la libertad individual, económica, de la libre concurrencia, del derecho de propiedad absoluto…no puede haber lucha entre el que todo lo tiene y aquel a quien todo le falta. Esto significa la economía regulada, planificada, el intervencionismo del Estado… el anterior punto nos lleva al último… Una sociedad más sincera, más justa, con menos dolor y más alegría y que solo dentro de la igualdad económica, que no es la desaparición de las categorías sociales, como puerilmente la gente lo imagina, y que no podrá conquistarse en un solo impulso, en una sola etapa, sino en dura transformación, cuya lentitud depende, a más de los factores históricos, de nuestro coraje para darle rendimiento a la obra”.

Propuso también la carrera administrativa para que el servidor del Estado, lo fuese en concurso de méritos y no para pagar favores políticos, también para exigir declaración pública de sus bienes y rendición de cuentas al marcharse del servicio del Estado “Ningún empleado debe serlo mientras no se someta a concurso, no declare los bienes que tiene y no tenga que demostrar, en el caso que sea necesario, de dónde ha habido los bienes que al retirarse ha logrado”.

También propugnaba por un poder judicial independiente de los poderes económicos y políticos para garantizar el equilibrio del Estado y los derechos de la ciudadanía “El órgano judicial no debe seguir dependiendo de la política. Su constitución debe darla la competencia por medio de recursos o de ascensos. Debe ser una carrera que comience en el concurso para el juzgado municipal y llegue hasta la magistratura de la Corte sin intervención colectiva de los órganos Legislativo y Ejecutivo”.

Otra faceta admirable de Gaitán fue la conquista política de multitudes sin tener que acudir a la manipulación religiosa y a la invocación de Dios para enaltecer las conciencias a favor de causas nobles, como hombre ateo y gran líder popular y político resulta admirable el respeto que guardó por los sentimientos religiosos de los demás, partiendo de los de su esposa, pero cuestionando el uso de la religión al servicio de los poderosos:

“Rechazamos el jacobinismo anticlerical que pretende desviar el sentido de la lucha de su verdadero objetivo para colocarla en un plano embustero. Pero proclamamos como inadmisible el que a la sombra de un poder espiritual o religioso puedan fortalecerse preeminencias económicas abusivas ni ventajas de casta ante la ley. Rechazamos todo fuero, menos el diplomático, ante la acción de la ley”.

“Los colombianos no debemos ser manejados con irrespeto, nuestra dignidad está por encima de los partidos, donde no hay dignidad de hombres todo lo demás está perdido”. Jorge Eliécer Gaitán.

Mientras el pueblo padezca hambre y el derecho al trabajo no sea asegurado,  su legado seguirá pendiente y vivo en la conciencia y la historia de la sufrida y maltratada Colombia, por la que en vida luchó y quiso encaminar a un mejor futuro, donde la población  goce de la igualdad de derechos y libertades. 

El legado de Gaitán sigue vivo en los deseos de los colombianos que luchan por  cambiar la realidad desde la raíz, en lo político, en lo social, en lo económico, en lo cultural y en la estructura del Estado.  Partiendo desde una democracia donde la soberanía la ejerza el pueblo y el poder garantice igualdad de oportunidades, realice la soberanía alimentaria y la soberanía nacional, sacrificadas permanentemente para favorecer poderes extranjeros.

Por otra parte debemos destacar que en distintos debates parlamentarios, en una sociedad patriarcal que trataba a la mujer como un ser inferior y limitados derechos, reivindicó el derecho a la igualdad del género femenino, que se deberían tomar medidas afirmativas en ese propósito para la liberación progresiva de la mujer:  «La mujer no puede transformarse ella sola en el sentido primitivo de nuestros métodos, de nuestras costumbres, de nuestra vida, porque toda nuestra actividad social está incidida por el criterio de la superioridad del varón. De ahí que seamos nosotros quienes estemos obligados a crear el ambiente que le permita educarse, encauzándola hacia actividades que le son profundamente necesarias para su liberación».

Gaitán anti-imperialista

Gaitán desde su gran debate contra la Masacre de las Bananeras exteriorizó su repudio frente a un Estado que claudicaba ante una empresa foránea so pretexto de estimular la inversión, un Estado gobernado por miopes y mezquinos a quienes no les importaba arrasar con la vida, libertades y demás derechos de sus propias gentes. En su intervención en el Congreso para exigir sanción frente a los responsables de la Masacre expresó con claridad la necesidad de sentir la patria de verdad, de defenderla y de defender con la propia vida si era necesario nuestra soberanía nacional:

“¡jamás sobre nuestro suelo sagrado ha de pisar la insolente planta el invasor, porque nuestro orgullo lo impide y porque para poder satisfacer sus oscuros designios las naves imperialistas tendrán que navegar sobre la púrpura encendida de nuestra sangre joven! …Yo sé bien que Colombia como todo país débil está amenazada por mil peligros y que se necesita la fiereza brava de todos sus hijos para defenderla contra la avalancha del imperialismo que transita ante todo sobre las paralelas de la economía. Nuestro nacionalismo no es odio a los ciudadanos de otros países, sino un sentimiento idealista que se acendra en el orgullo de sabernos fuertes, de sabernos dignos, independientes y soberanos».

Por otra parte sobre el posible rol de la participación de CIA en el magnicidio, debemos recordar que esta fue creada en septiembre de 1947 y el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán se produjo el 9 de abril del año siguiente, John Mepples Spirito, agente norteamericano confesó que habían contratado un sicario para terminar con la vida del líder popular. Lo cierto es que ni el FBI, ni la CIA han aceptado desclasificar sus archivos en relación con el magnicidio, pese a tantos años transcurridos, lo que sí han hecho en relación con la participación del gobierno de los Estados Unidos en el Golpe Militar contra Salvador Allende, el 11de septiembre de 1973.

Sin embargo, quedaron algunos cables de John C. Wiley, embajador de los Estados Unidos en Bogotá, quien le escribió al Departamento de Estado, el 16 de mayo de 1946, donde expresaban ya su preocupación y malquerencia contra el Tribuno del pueblo: «Un observador me describió a Gaitán como una persona metódica, paciente y ordenada en su vida privada y en su trabajo, cualidades que constituyen una combinación potencialmente peligrosa con su fino talento para la demagogia y para la agitación política».

Calificaba el representante del Gobierno de los Estados Unidos como demagogia y agitación política su lucha permanente contra las injusticias sociales, la responsabilidad de las elites de los partidos tradicionales de usufructuar el Estado en beneficio personal, la necesidad de avanzar hacia una democracia participativa, de que el pueblo tuviese educación y salud, de que los campesinos tuvieran acceso a la tierra, orientación técnica y créditos para que pudiera producir, y una necesaria intervención del Estado para regular las fuerzas del mercado, para que los que tenían más pagasen más impuestos y para los que llegasen como funcionarios se comprometieran con una ética de la función pública para servir a la ciudadanía y no para servirse del Estado en provecho propio.

El Sr. John C. Wiley, expresó sus preocupaciones por lo que podría representar Gaitán frente a los intereses del Gobierno de los Estados Unidos: 

«…vemos sus triunfos políticos con considerable aprehensión. Quienes lo conocen aseguran que él no quiere a los Estados Unidos. Gaitán se ha pronunciado a favor de la nacionalización de la banca, cervecerías y empresas de servicios públicos y otras formas de socialismo de Estado, lo cual con el tiempo, puede incluir la industria del petróleo… Gaitán tratará de arrancarle algunas plumas a nuestra águila y elevarse en las alas de la charlatanería. Una política de paciencia y comprensión es necesaria y aconsejable. Mientras tanto, el doctor Gaitán será una preocupación política importante y me temo que durará un buen rato».

Lo cierto es que ese tipo de aprehensiones de la diplomacia estadounidense a lo largo y ancho del mundo se tradujo en un accionar sistemático de la CIA para provocar asesinatos, golpes de Estado, guerras civiles, para cooptar dirigentes y militares en otros países y ponerlos al servicio de los planes hegemónicos norteamericanos.  Poco tiempo después del magnicidio de Gaitán provocaron el fin del régimen de la “Primavera Democrática” en Guatemala contra el gobierno reformista de Jacobo Arbenz.  Han intervenido y siguen interviniendo en la región, a pesar del fin de la guerra fría, la desintegración de la Unión Soviética y la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989, hace 30 años.

Paradójico que en abril de 1948 mientras se realizaba la asamblea de estados de las Américas, mientras se creaba la OEA y se adoptaba la Declaración Americana de Derechos del Hombre y del Ciudadano, se produjo el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán, como culminación del exterminio del Movimiento Gaitanista. 

El gobierno de Mariano Ospina Pérez, con un libreto ya preparado culpó al “comunismo internacional” del asesinato de Gaitán, ante lo ridículo de la aseveración terminaron afirmando que no hubo complot alguno, sino la actuación solitaria de un desadaptado mental, Juan Roa Sierra, quien disparó al líder, y, luego la turba enfurecida lo mató a golpes. 

Esta versión oficial, en un claro peculado, la quiso el Gobierno de Ospina Pérez rodear con algún grado de veracidad, invirtiendo del tesoro público el valor en pesos de miles de libras esterlinas para hacer llegar a dos detectives británicos de la Scotland Yard, que tras cobrar sus jugosos viáticos escribieron en 19 páginas que el único responsable de la muerte de Gaitán, era el ejecutado por la ira popular: Juan Roa Sierra. Qué paradoja, en Colombia se hizo célebre una película sobre el asesino, pero no se ha realizado la primera sobre el caudillo liberal.

Independientemente de si es cierta o no “La Operación Pantomima” que narró Mepples Spiritu para confesar su participación en el asesinato, si tuvo o no un rol preponderante la CIA en este magnicidio, lo cierto es que la muerte de Gaitán fue precedida de un plan sistemático de exterminio de los líderes regionales y seguidores del líder inmolado, que se desató desde 1946. 

Hoy ante el exterminio sistemático de los líderes y lideresas  sociales, de defensores y defensoras  de derechos humanos, frente a las masacres diarias que anegan de sangre distintas latitudes del territorio nacional, debemos recordarle al presidente de la República lo que entonces le recordó Gaitán al presidente Mariano Ospina Pérez 

“Impedid, señor Presidente, la violencia. Sólo os pedimos la defensa de la vida humana, que es lo menos que puede pedir un pueblo”. 

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