Huellas de Copito… el HP

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Recuerdos del 21N
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Huellas de Copito… el HPA diario me ven pasear al lado de Andrés, o don Andrés, o veci como le dicen los lugareños donde él realiza compras o paga algún servicio.

Generalmente me lleva a donde quiera que va, me gusta mucho cuando me suelta en el pastizal cerca al río que hay a unos 100 metros abajo del apartamento donde vivimos ahora.

También disfruto mucho las salidas a la ciudad, ya que debemos ir en algún transporte automotor, me agrada la forma como la gente me observa, pues muchas veces puedo irme sentado como cualquiera de ustedes en un puesto individual, me regocijo mirando el paisaje rural y urbano durante el trayecto.

Andrés trabaja siempre en su computador, por esto le hago un gran favor al obligarlo a que se levante y me saque a dar una caminada al menos dos veces al día.

Ahora sí me presento, soy Copito, tengo ocho años caninos, mido unos 50 centímetros, de alto, tengo el pelo blanco con algunas manchas cafés, orejas largas y peludas, tengo pelaje en todo el cuerpo, una cola larga, una trompa semicuadrada, (no me suenan muy bien esas dos semi, tratar de cambiarlas por mediana o algo similar) hijos no tengo, ni tendré ya que estoy esterilizado. Mi madre era una schnauzer y mi papá .. humm, desconocido. Fui adoptado desde recién nacido por esta familia humana. Les dejo una fotografía para que me conozcan con más detalle.

Me dieron este espacio para hablar de un tema complejo a nivel social en el país en que vivo Colombia, ya que soy una mascota que ha participado de varias marchas y manifestaciones del pueblo. Sí, aunque muchos no lo crean, las mascotas también nos interesamos por asuntos de los humanos, pues al fin y al cabo son temas generales de gran importancia que nos incumben a todas y todos en general.

Al grano, les contaré que pasó esa tarde de jueves del 21 de Noviembre del 2019, día del gran Paro Nacional. Nos encontramos en un restaurante ubicado en la Av. 19 con Séptima del centro de Bogotá ciudad que me vio nacer. Estábamos Juanes, el hijo mayor de la familia, Jacobo el Hijo menor, Tatiana la mamá de los chicos, Andrés, el papá de los chicos, quien también es como mi papá y yo, por supuesto, Copito su servidor. Sí, soy una mascota incondicional. Fue esta incondicionalidad la que casi me cuesta la vida esa tarde, pues me vi con una pata en el más allá, al borde de la muerte, estuve casi a puertas del cielo de los perros.

Después de almorzar en la 19, nos unimos a la marcha por la calle séptima en sentido sur hacia la Plaza de Bolívar. Se vivía un ambiente muy alegre, con muchas expresiones artísticas como comparsas, batucadas, grupos que cantaban y coreaban consignas reclamando justicia social, cese a la corrupción, contra la violencia de estado, contra el asesinato de líderes, freno a las masacres, vivas al acuerdo de Paz, freno a las reformas contra el pueblo colombiano. En sí toda la marcha reclamaba mejoras para toda la nación colombiana. A medida que nos acercábamos más a la Plaza de Bolívar era mayor la concentración de manifestantes, retumbaban con mayor fuerza los tambores y los gritos con lemas como “Fuera Duque, Uribe paraco el pueblo está berraco, menos impuestos más inversión en educación, viva la paz, respeto por la vida, más plata para la educación, menos plata para la guerra”, etc…Llegamos a una cuadra de la Plaza de Bolívar, debido a la gran multitud, era muy difícil el ingreso, entonces decidimos quedarnos resguardados en el zaguán del palacio de Justicia. Luego Juanes, el hijo mayor, decidió adentrarse hasta la Plaza de Bolívar y hacer un registro audiovisual con su cámara.

En medio del fuego cruzado

De pronto los sonidos del tupac tupac tupac de los tambores de la batucada que teníamos al lado, comenzaron a entremezclarse con detonaciones que hacía el ESMAD (Escuadrón Anti-Disturbios de la Policía). Boom, boom, pam pam pam, eran estallidos de bombas aturdidoras y lacrimógenas, que provenían de la Plaza de Bolívar; empezó una especie de batalla campal, una represión brutal hacia los manifestantes a unos 20 metros de donde estábamos nosotros, el humo de los gases empezó a colmar el ambiente, recuerdo que todos empezamos a toser y a lagrimear, con una fuerte irritación en los ojos y vías respiratorias. De un momento a otro lo que era una manifestación pacífica de clamor por los derechos humanos y la vida se convirtió en un caos sin control. La gente corría en una estampida huyendo de la Plaza de Bolívar como si fueran una manada de búfalos perseguidos por cazadores. Algunas personas al ver que entre nosotros estaba un menor de edad (Jacobo) y un perro (yo), solicitaban respeto por nuestras vidas gritando “no disparen hay niños, mujeres, mascotas, no disparen, respeten la vida por favor, ayúdennos”. La situación se tornaba cada vez más peluda, pues las explosiones y disparos desde la plaza de Bolívar no paraban por parte del ESMAD, y la estampida seguía fuertemente. El momento, de por sí delicado, se tornó más difícil, ya que del otro lado de la calle apareció otro grupo de Policías y ESMAD, dejándonos en un completo sandwich en medio del fuego cruzado. En ese momento el instinto de supervivencia y de cuidado a los menores hacía que alguna gente nos rodeara y protegiera.

 

Solidaridad en medio del caos

Mis queridos amigos y amigas, quedamos en medio del fuego cruzado, un grupo de jóvenes solidarios nos apoyaba poniéndose como escudos humanos, cual formación romana, rápidamente uno de los jóvenes me puso una especie de pasamontañas de tela muy delgada y de color blanco el cual me acomodaron como pudieron; la visibilidad era poca por la densidad del humo de los gases, nuestra intuición de rebaño nos llevó a atravesar la calle, buscando salida de aquel campo de batalla hacia el nororiente. Así logramos llegar hasta la calle 10 con sexta y en mitad de la calle cuando ya podíamos respirar un poco mejor paramos a tomar aire, oxigeno vital y agua.

Viralizados sin querer

Recuerdo que una joven de unos 24 años era quien más pedía auxilio para nosotros reclamando a los policías que estaban a unos 10 metros “no disparen respeten la vida, miren que hay niños, hay familia, mujeres, mascotas”; la chica nos dio paños con bicarbonato para minimizar los efectos de los gases, nos dieron agua y se veían muy interesados en nuestro bienestar.

No conocíamos a la muchacha, no sabíamos su nombre ni quien era, grabó varias escenas de lo que estaba pasando con nosotros, subiéndolas a internet en directo, compartiéndolas en sus redes. A los pocos minutos nos estaban llamando familiares desde Pereira, Manizales, de otras ciudades, puesto que nos habían visto en los videos que la chica acababa de subir a redes sociales. Nos dimos cuenta de que esta joven era ni mas ni menos que “Lalis Smile” una Youtuber e influencer con bastantes seguidores en redes sociales y se caracteriza por hacer crítica social.

¿Y dónde está Juanes?

Seguimos caminando por la carrera sexta buscando alejarnos del lugar donde el ESMAD estaba arremetiendo fuertemente para disipar la manifestación.  Se escuchaban aún con fuerza las explosiones de las bombas aturdidoras, lacrimógenas. Nosotros estábamos bien, y caminábamos acompañados de muchas más personas. Pero nos preocupaba Juanes, ya que en el momento que comenzó toda la represión brutal él se encontraba en la Plaza de Bolívar grabando videos. Le marcaban a su celular, pero no contestaba.  Jacobito, el hijo menor quien en ese momento tenía 10 años, pronunciaba palabrotas hacia la fuerza pública, pues pensaba que algo le podían haber hecho a su hermano mayor, Juanes

Llegando a la calle 13 con carrera sexta Juanes nos encontró, venía muy exaltado y agitado, pues su instinto le llevó a atravesar toda la séptima desde la plaza de Bolívar corriendo como perro cuando escucha un relámpago, o como caballo desbocado, así salió de la zona de explosiones, y disparos del ESMAD. Milagrosamente todos estábamos ilesos, sin un rasguño, salvo la molestia en los ojos y vías respiratorias. Yo aún jadeaba con cierta dificultad.

Pasó en escuadrón de policías motorizados, intimidando a todo el mundo con sirenas, exhibiendo sus armas y con algunos jóvenes apresados a quienes llevaban esposados en la parte de atrás de la motocicleta. Quien sabe a donde los llevaban, las personas les gritaban a los policías que les respetaran la vida y muchas personas grababan con sus celulares.

Finalmente pudimos tomar un transporte y salir del todo de esta zona de batalla en la que se había convertido la manifestación pacífica del Paro Nacional 21N de 2019

Desde eso hice un pacto con mi familia humana, el cual consiste en que solo me llevan a sitios donde no vaya a correr riesgos mi integridad. Por eso de ahí en adelante solo me llevan a marchas o manifestaciones muy temprano, evitando salir en horas de la tarde que es cuando generalmente se presentan enfrentamientos y choques violentos por parte de la fuerza pública hacia los manifestantes.

Como buena mascota que entiende este tema porque lo he vivido de cerca, sé que el pueblo colombiano tiene razones de sobra para salir a manifestarse, protestar y exigir al gobierno cambios estructurales para que este país sea en realidad un buen vividero con justicia social, respeto por los derechos humanos, donde haya paz y un mejor futuro.

Un can vislumbrando mejor futuro

Yo soy un canino que ha vivido ocho años de existencia y tengo fe en que esto va a cambiar para mejorar y que da ánimo a todos los humanos y mascotas que sigamos caminando día a día para que así sea.

Desde ahora agrego mis consignas:

¡Vivan la paz y la justicia, mascotas unidas por la vida!

Espero que ahora hayas entendido el título de este texto Huellas de Copito el HP “Hermoso Perro”

Tristemente el 23 de noviembre joven Dilan Cruz recibió un disparo en el cabeza propinado por un agente del ESMAD, dos días después Dilan falleció producto de este crimen de estado, el hecho ocurrió en la avenida 19 muy cerca del lugar por donde habíamos pasado nosotros en la marcha.

En memoria de Dilan Cruz, y de todos aquellos hombres y mujeres que han caído victimas de la violencia de estado en Colombia.

Atte. Copito el HP “Hermoso Perro”

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