Por la dignificación del periodismo y los medios de comunicación

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Por la dignificación del periodismo y los medios de comunicación

Decía García Márquez que, “para ser periodista hace falta una base cultural importante, mucha práctica y también mucha ética”. Kapuscinski en cambio, lo definió más simple y corto: “Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buenos seres humanos”. Si buscamos una descripción un poco más “oficial”, nos encontramos con la de la Real Academia Española, esta define al periodismo como “la actividad profesional que consiste en la obtención, tratamiento, interpretación y difusión de informaciones a través de cualquier medio escrito, oral, visual o gráfico”.

Y es que, si hay una profesión a la que continuamente se le dan diferentes definiciones, esa es el periodismo. Comúnmente se escucha en las calles que los periodistas son los “adalides de la verdad”, “jueces de la vida”, “mentirosos”, “vendidos”, “acomodados” y hasta “políticos en carrera”. Seguramente estos adjetivos no son dados de gratis, pues en Colombia hay diferentes formas en las que se ha ejercido el periodismo; por un lado, un periodismo militante y amigo del poder, por otro, un periodismo “importaculista”, que es aquel que poco o nada le interesa entrometerse en asuntos que puedan poner en riesgo su puesto, y finalmente, queda el periodismo libre y de la gente.

Cabe señalar que, así como mencioné anteriormente que hay fracciones de la opinión pública que tienden a juzgar y enlodar la profesión del periodista, hay ciudadanos que valoran y respetan esta labor. Es preciso poner en alusión una frase de moda por estos días, “no todos son iguales” y “no hay que generalizar”.

En Colombia como en una gran mayoría de países, hacer periodismo no es una tarea sencilla, es inseguro, poco rentable, carece de oportunidades y es desgastante. En la actualidad ya no es un asombro lo que la internet y la globalización han cambiado el mundo para bien o para mal, en cambio nuestra labor, lo que creíamos que iba ser la salvación y perfeccionamiento de la prensa en general, hoy nos catapultó en una sobre saturación de contenidos de baja calidad, ligados al componente que rige todos los medios de comunicación: la inmediatez.

Hoy la prensa se empeña en ser los primeros en contar, los primeros en llegar, los primeros en obtener “la chiva”, los primeros en todo, menos en calidad. Parece que la facilidad, los views, los retweet y los comentarios, se apoderaron del negocio. Atrás quedaron los buenos escritos y los buenos escritores, Alberto Salcedo Ramos, German Castro Caycedo, German Santamaría, Gabriel García Márquez, Alfredo Molano y varios más, que fueron de una prensa escrita en la que nunca importó el número de cuadrillas y caracteres, pues su contenido era lo bastante bueno e interesante para enganchar al lector.

El negocio de los medios de comunicación en Colombia sigue siendo el mismo, obsoleto, frágil y malo.

Obsoleto porque aún no se hace un esfuerzo por modernizarse a las nuevas tendencias del consumo, si bien han logrado tener más presencia digital, su prioridad sigue siendo la transmisión análoga, aun entendiendo que hay un porcentaje mayor que se informa y observa contenidos de manera digital, a través de su móvil o portátil.

Frágil porque sigue siendo dependiente de lo único capaz de sostenerlo: las pautas publicitarias. En comparación con otros mercados, los medios de comunicación en Colombia poco o nada han hecho por reinventar sus economías, algunos medios como el Espectador o Semana, han empezado por incentivar el denominado “muro de pago”, que es el desembolso que hace un suscriptor al medio de comunicación, a cambio de información y contenido de interés. Pero no solo existe este modelo de pago, también están los Crowfunding, Pay per view, las suscripciones, freemium y varios más que hacen que el modelo de negocio pueda ser más robusto; no obstante, para llegar a este nivel de monetización, es importante tener un prestigio y educar a los usuarios.

Y es malo porque sus contenidos no responden a las necesidades de sus usuarios, por lo que pasa por irrelevante, y por lo tanto nadie lo ve, y como consecuencia, si nadie lo ve, nadie quiere pautar, y si nadie quiere pautar, es un negocio inviable porque no genera ingresos. Pero ¿Cómo hace un negocio inviable sostenerse durante tanto tiempo? Sencillo, la monopolización de los medios de comunicación, hace que sus dueños, en muchas ocasiones, sean los mismos dueños de las empresas que pautan, o los anunciantes, son amigos y “compadres” de los dueños de los medios de comunicación. De alguna manera, como funciona todo en este país, “se devuelven favores”.

Esto quiere decir, palabras más palabras menos, que el negocio de la comunicación hace tiempo dejó de ser rentable para sus dueños, y que más bien, aunque deje pérdidas año tras año, el dueño se da el “capricho” de sostenerlo y poner la agenda mediática del país a su interés. Esto claramente si se ve reflejado en los empleados, ya que las salas de redacción cada vez cuentan con menos capital humano.

Ojalá viéramos una prensa realmente libre, ojalá existiera verdaderamente la democratización de los medios de comunicación, aunque algunos se rasguen las vestiduras argumentando que ya existe con la aparición de varios medios alternativos o emergentes. Pero eso no es democratizar, democratizar es tener la misma participación, alcance y financiación        que los medios tradicionales privados obtienen, mediante consorcios con el gobierno. Resumiendo, repartir mejor el pastel entre todos.

Soy de los que cree que la proliferación de medios alternativos o emergentes, no es la única solución de la democracia mediática, se es necesario unificar y fortalecer desde las bases el objetivo, el mensaje y la calidad, claramente con la meta de hacer un verdadero contrapoder a los medios convencionales. Es importante mencionar que aquí juegan un papel transcendental los medios de comunicación públicos y comunitarios, estos son un enlace y camino vital de lo que debe ser la información en Colombia: pública.

Y de pronto si, somos unos románicos y utópicos al pensar como García Márquez de creer que esto tiene salvación y que “el periodismo es el mejor oficio del mundo”.

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