¿RECONCILIACIÒN O VENGANZA?

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¿RECONCILIACIÒN O VENGANZA?

Después de 52 años de guerra, el 26 de Septiembre de 2016 los integrantes de Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) pasan a ser La Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC, el Partido de la Rosa) mediante la firma del acuerdo de paz en un acto de reconciliación de dos actores protagónicos de esa guerra –el otro serían claramente las Fuerzas Militares del país al mando del primer dirigente en turno- con el aval de gran parte de la ciudadanía y por supuesto de las víctimas de dicho conflicto. Fue un paso importante y necesario para nuestra sociedad, el desarme de la antigua guerrilla y la posibilidad de escucharlos en escenarios como la Feria del libro realizada en Corferias en el 2017 abría las puertas de la democracia, de una participación política amplia donde los sectores olvidados por el Estado podrían ser escuchados. Avanzábamos hacia un país más cordial.
Vimos con esperanza como se redujo el número de soldados heridos en los centros de urgencia del país, el número de soldados mutilados por las minas antipersonas y por supuesto el número de muertes; y es que la paz no puede darse si no es por medio de la reconciliación y la búsqueda de la verdad. Se abrió la posibilidad de conocer historias de habitantes de zonas rurales que narraban su experiencia en el conflicto y conocimos personajes de una gran riqueza intelectual que tuvieron que defender sus comunidades lamentablemente con el uso de las armas. Cabe resaltar que es absolutamente claro que no es mediante las armas y la fuerza, sino mediante el conocimiento y las ideas que se puede aspirar a ser poder; también resalto que sabíamos – y que en parte es responsabilidad del mismo Gobierno de turno por su incumplimiento- que las disidencias son inherentes al acuerdo y que los grandes medios de comunicación mientras tapan errores del Gobierno, Policías y Militares, resaltan actuaciones de esas disidencias, como las fotos publicadas ayer, y les adjudican igualmente todo lo que pueda suceder sean o no responsables con toda la fuerza de la palabra y la pluma, no en búsqueda de la verdad pero respaldando intereses propios.
Hoy con enorme tristeza vemos como la tranquilidad nos duró poco, el partido que gobierna en una actitud contraria a la del bien común prometieron hacer trizas los acuerdos y se han dedicado a hacerle la guerra a la amplia participación política, a eso sumémosle los asesinatos de miembros del partido de la Rosa y de líderes sociales, los errores sistemáticos de la fuerza pública, el descontrol de la misma y una política de gobierno que parece más afín a dominarnos con el miedo mediante el uso desmedido de las armas por parte de la fuerza pública a su mando; una política fascista que poco le interesa la vida y la tranquilidad del pueblo. Y es esta parte de la sociedad que se ha negado a la reconciliación que hoy nos detiene en ese camino de desarmar las mentes y empezar a pensar como colectividad más que individualmente, es esa parte de la sociedad que nos está condenando a la venganza como único camino perpetuando una guerra ahora entre nosotros mismos. Ver al otro como enemigo nos aleja de la democracia tan anhelada. Nos han sumergido en un odio que más allá de deslegitimar la opinión y las ideas de los otros, que más allá de descalificar y calumniar no parece tener ningún propósito; bien decía William Shakespeare: “Si las masas pueden amar sin saber por qué, también pueden odiar sin ningún fundamento”.
Necesitamos tanto políticos como ciudadanía renunciar al odio y a la venganza y acércanos a la reconciliación, ya hemos degradado lo suficiente la política con representantes que con agresiones, trolls y fake news han querido anular las propuestas y esquivar el debate; eliminemos también la práctica de menospreciar la preocupación por la verdad utilizando el cinismo y el descaro para intentar destruir al oponente. Hemos normalizado el lenguaje violento justificando la reacción con la necesidad de eliminar al “enemigo” lo que amplía el desconocimiento del pensamiento profundo del otro destruyendo cualquier forma de discusión política, como decía Hannah Arendt: “La función del prejuicio es preservar a quien juzga de exponerse abiertamente a lo real y de tener que afrontarlo pensando”.
Por ultimo creo que vale la pena analizar las catorce (14) características del fascismo según Umberto Eco pero por ahora quiero ahondar en cuatro (4) de ellas:
– Para el fascismo no hay lucha por la vida, sino más bien, “vida para la lucha”, es decir alienta la idea de guerra, el pacifismo no es una opción, no existe cabida para el dialogo pero si para la muerte porque la eliminación del que no está de acuerdo conmigo es la única opción.
– El elitismo es otra característica del fascismo fomenta un desprecio por el más débil y la existencia de un dominador que siempre va a utilizar la fuerza porque el pueblo merece ser dominado, existe una organización jerárquica (según modelo militar) donde todo líder subordinado desprecia a los subalternos y cada uno de ellos a sus inferiores.
– Para el fascismo el individuo carece de derechos, el pueblo pierde su capacidad de mandato, el líder representa su voz e interpreta sus necesidades a su antojo.
– En el fascismo se limitan los instrumentos para el razonamiento complejo y crítico.
Desde la familia podemos combatir la propagación de estas prácticas de odio manteniéndonos informados a través de medios alternativos no manipulados por intereses económicos o ligados al Gobierno de turno, incentivando la participación ciudadana como derecho y deber, discutiendo temas de actualidad y decisiones propias a tomar, la democracia se enseña en casa, vencer el elitismo requiere la práctica del dialogo donde la exposición de las ideas y necesidades debe ser una constante para no caer en el autoritarismo o en relaciones de poder. Tener en cuenta lo que piensan nuestros jóvenes y niños es una muestra de respeto para con ellos y un mensaje de pertenencia a un círculo familiar que lo acoge, aprecia y apoya, no al que tiene que “obedecer”; si trabajamos en eliminar las relaciones de poder nuestros hijos tendrán menos posibilidades de ser maltratados por personas que se crean superiores y menos posibilidades de maltratar a quienes estén en una posición menos favorable que ellos. Es necesario incentivar el estudio y la lectura como herramienta fundamental para no caer en la manipulación por desconocimiento; insistir en la necesidad de escuchar a nuestros iguales con pensamientos e ideas diferentes como un ejercicio que enriquece nuestra propia visión; resaltar el valor de la vida y la práctica del dialogo para la resolución de conflictos; inculcar la negación absoluta a respaldar actos que utilicen la fuerza o a la descalificación del otro, y por supuesto ser ejemplo de entereza y ética.
Recordemos que como escribe el Argentino Santiago Cafiero en una columna para la Revista Anfibia refiriéndose al odio como lenguaje: “Cuanto más hostil y vaciada sea la esfera pública, menos posibilidades de poder común tendremos. Así ganan quienes ya poseen poder y no necesitan de la política ni de la democracia, a las que tanto desprecian”.

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