Una bruja llamada Isabel

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Una bruja llamada Isabel

Desde hacía algunas semanas deseaba volver a reseñar, sin embargo, por esas casualidades de la vida las semanas se convirtieron en dos meses. En ese tiempo tuve espacio para pensar sobre algunos asuntos que estaban robando mi energía con el pasar del tiempo. En medio de esos días de reposo me topé con el cuento de Isabel, una pequeña bruja que por medio de sus sueños cree que algo ha estado sucediendo dentro del vientre de su madre.

La vida de Isabel transcurre como la de cualquier otra niña: estar en casa con sus padres, comer, ceder a los mimos de la abuela y estudiar. A excepción de los sueños que tiene con frecuencia. Una noche, mientras ella está durmiendo, su padre abre la puerta y le pide que se cambie, debían ir a urgencias.

Los días después de esa noche no vuelven a ser iguales, una tragedia lo cambia todo. Así, Isabel y sus padres tienen que mudarse a una nueva casa, lejos de todos, un lugar para que su madre se sintiera mejor; todos los días lloraba, e Isabel, a penas siendo una niña, debe enfrentarse al desamor de quien más ama.

No sé cómo regresamos a casa.

Despierto con los besos de Abue en mis mejillas. Antes de saludarla, como siempre empiezo a gritar: “¡NO HE SOÑADO CON MAMÁ Y SU PANZA INFLADA, ALGO ESTÁ MAL, ALGO ESTÁ MAL!”.

(Pág.15)

Algo que no fue de mi agrado en el texto, es el uso repetido de frases para hacer referencia al tiempo: “Un día”, “Una tarde”. Por otra parte, la descripción de situaciones que hace la autora es increíble, logra jugar con la intriga del lector de manera que invita a seguir leyendo el cuento hasta el final, algo similar a esos matrimonios inseparables como los espaguetis con salsa de tomate y queso, chocolate caliente con pan y una larga lista que se pierde en los puntos suspensivos.

Los colores usados en las ilustraciones son proporcionales y llamativos, al igual que el trazo sencillo de la ilustradora hacen del cuento un prototipo certero de libro-álbum por sensibilidad trasmitida en ellas.

La historia de Isabel puede que sea la de muchos niños alrededor del mundo, pero su manera de enfrentarse a las situaciones que desde la noche de visitas a urgencias ocurren es admirable. Se dice en los cuatro puntos cardinales que, después de la tormenta viene la calma, y de seguro, eso sucederá cuando ella menos lo espere.

 

Desde mi cuarto escuché el motor de un carro. Bajé corriendo y vi a mamá entrar por la puerta con miles de bolsas y algo en sus brazos. Sus ojos eran distintos y sonreía. Corrí a abrazarla.

(pág.26)

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